SOBICAIN

Centro Bíblico San Pablo

SOBICAIN / Centro Bíblico San Pablo

Biblia Latinoamérica

1 El pueblo murmuró malvadamente a los oídos de Yavé. Yavé lo oyó y se enojó: se encendió el fuego de Yavé contra el pueblo y devoró las primeras tiendas del campamento.2 Entonces el pueblo le suplicó a Moisés. Moisés intercedió ante Yavé y el fuego se apagó. 3 A ese lugar se le dio el nombre de Tabera porque se había encendido contra ellos el fuego de Yavé.4 El montón de gente extraña que se encontraba en medio de los Israelitas sólo pensaba en comer, y hasta los mismos israelitas se pusieron a quejarse. Decían: «¿Quién nos dará carne para comer?»5 ¡Cómo echamos de menos el pescado que gratuitamente comíamos en Egipto, los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos.6 Ahora tenemos la garganta seca, y no hay nada, absolutamente nada más que ese maná en el horizonte!

7 El maná era como la semilla del cilantro, se parecía a un manojo de malvavisco.8 La gente del pueblo se dispersaba para recogerlo, luego lo molían entre dos piedras o lo machacaban en un mortero. Después lo cocían en una olla y hacían con él tortillas. Su sabor era parecido al de una tortilla con aceite.9 Por la noche, apenas caía el rocío sobre el campamento, caía también el maná.

10 Moisés oyó que el pueblo lloraba, cada familia a la entrada de su tienda, mientras ardía la cólera de Yavé. Moisés se afectó mucho por eso.11 Le dijo a Yavé: «¿Por qué tratas tan mal a tu servidor? ¡No me has hecho ningún favor al imponerme la carga de todo este pueblo!12 ¿Soy yo acaso quien lo dio a luz para que me digas: Llévalo en tu seno, como la nodriza lleva a su bebé, al país que prometiste bajo juramento a nuestros padres?

13 Todo el pueblo viene a mí para decirme: ¡Danos carne, queremos comerla! Pero, ¿de dónde voy a sacar carne para dársela?14 ¡No puedo conducir solo a todo este pueblo, es demasiado peso para mí!15 Si así es como me quieres tratar, mejor mátame, te lo ruego; con eso me harías un favor y me vería libre de esta desgracia!»16 Yavé le respondió a Moisés: «Júntame setenta ancianos de Israel, hombres de los que sabes que son ancianos y escribas de su pueblo, y llévalos a la Tienda de las Citas. Que se paren a tu lado.17 Bajaré y hablaré contigo; luego tomaré de mi espíritu que está en ti y se lo pondré a ellos. Llevarán contigo la carga del pueblo y ya no tendrás que llevarla solo.

18 Dirás al pueblo: Santifíquense para mañana, comerán carne ya que vinieron a llorar a los oídos de Yavé. Pues ustedes dijeron: ¿Quién nos dará carne para comer? ¡Estábamos tan bien en Egipto! Yavé les dará carne y la comerán.19 La comerán no sólo uno o dos, o siquiera cinco, diez o veinte días,20 sino todo un mes, hasta que les salga por las narices y sientan asco de ella. Porque menospreciaron a Yavé que está en medio de ustedes cuando vinieron a llorar ante él, diciéndole: ¿Por qué salimos de Egipto?»21 Moisés dijo: «El pueblo al que pertenezco consta de seiscientos mil hombres de a pie, y tú dices: ¿¡Les voy a dar carne y la comerán todo un mes!?22 Si se mataran para ellos rebaños de ovejas y de bueyes, ¿tendrían bastante? Si se recogieran para ellos todos los pescados del mar, ¿sería suficiente?»23 Yavé le dijo a Moisés: «¡Así que la mano de Yavé es muy corta! Ahora verás si mi palabra se cumple o no.»

Yavé da su espíritu a los jefes de Israel

24 Moisés salió y transmitió al pueblo las palabras de Yavé: Reunió a setenta hombres de entre los ancianos del pueblo, que se pusieron de pie alrededor de la Tienda.25 Entonces Yavé bajó en la nube y habló, luego tomó del espíritu que estaba en Moisés y lo puso en los setenta hombres ancianos. Cuando el espíritu se posó sobre ellos, se pusieron a profetizar, pero después no lo hicieron más.

26 Dos hombres se habían quedado en el campamento, el primero se llamaba Eldad y el otro, Medad; el espíritu se posó sobre ellos. Pertenecían a los inscritos, pero no habían ido a la Tienda, y profetizaron en el campamento.27 Un muchacho corrió para anunciárselo a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento».

28 Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés desde su juventud, tomó la palabra: «¡Mi señor Moisés, prohíbeselo!»29 Pero Moisés le respondió: «¿Así que te pones celoso por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo de Yavé fuera profeta, que Yavé les diera a todos su espíritu!»30 Después de eso, Moisés regresó al campamento junto con los ancianos de Israel.

31 Empezó a soplar un viento: venía de Yavé. El viento venía del mar y arrastraba codornices, las que dispersó por el campamento y sus alrededores hasta un día de camino. Las había por todo el derredor del campamento formando una capa de dos codos.32 El pueblo se levantó, y toda esa noche y todo el día siguiente se dedicó a recoger codornices. El que menos tenía había juntado diez grandes medidas. Las pusieron a secar alrededor del campamento.

33 Pero aún tenían la carne entre los dientes, y todavía no terminaban de masticarla, cuando la cólera de Yavé se encendió contra el pueblo. Yavé le asestó al pueblo un golpe tremendo.34 A ese lugar se le dio el nombre de Quibrot-ha-taava, porque allí fueron enterrados los que se habían lanzado como hambrientos sobre la comida.35 De Quibrot-ha-taava partió el pueblo para Jaserot.

  • Éxodo 16,13
  • Éxodo 32,11
  • Éxodo 18,21
  • Evangelio según Juan 6,7
  • Evangelio según Juan 6,9
  • Isaías 50,2
  • Jeremías 32,17
  • Ezequiel 12,25
  • Primer Libro de Samuel 10,9
  • Primer Libro de Samuel 19,20
  • Segundo Libro de los Reyes 2,9
  • Evangelio según Marcos 9,38
  • Joel 3,1
  • Hechos de los Apóstoles 2,1
  • Éxodo 16,12
  • Deuteronomio 9,22
Núm 11,13

Salta a la vista que el hilo del relato pasa de las quejas del pueblo en los versículos 1-6 a los versículos 18-23 y que tiene su conclusión en 31-35. La tradición del maná debió ser en realidad muy firme a juzgar por los versículos 7-9.

Núm 11,24

Los israelitas recibieron el primer conocimiento del “Espíritu de Dios” de la forma de actuar de los profetas. Comprendieron a través de su comportamiento y de sus oráculos que el Espíritu de Dios era comunicado a la manera de un viento violento e imprevisible (en hebreo el término ruah significa tanto espíritu como viento) y que este Espíritu es el que lleva la Palabra.

Pero los profetas duraron sólo un tiempo, después del regreso del exilio fueron cada vez más escasos y la comunidad religiosa se iba estructuraba en torno a los sacerdotes y el Templo. Esto explicaría la evolución de las ideas que se tenían sobre el Espíritu y la inspiración. De alguna manera el Espíritu tenía que estar en los sacerdotes que conservaban la doctrina de Moisés; debía además asistir a los ancianos que cumplían las funciones de jueces.

Esta historia enseña que los responsables del pueblo, sucesores de Moisés, son los guardianes de la tradición, lo que no quiere decir que se negaran los carismas individuales, pues el Espíritu buscó a Eldad y a Medad donde no estaba Moisés. Habrá otros ejemplos de lo mismo en el Nuevo Testamento (Mc 9,38; He 9; 10).

Núm 11,29

El don del Espíritu para todos los hijos de Dios será la gran esperanza de los profetas: Is 32,15; Jl 3,1; As 2,17.

Núm 11,31

Compárese con Éx 16,12 et Nb 11,18.

Núm 11,33

Este hecho enseña que si bien Dios nos concede lo que le pedimos, no por eso se somete a nuestros deseos. No basta con decir: “Dios escucha la plegaria cuando ve que pedimos algo útil para nosotros”: esto contiene parte de verdad, pero no toda la verdad.

Dios quiere que aprendamos a conocerle a él y también a nosotros mismos. No le interesan tanto nuestras peticiones cuanto lo profundo de nuestro deseo, y es ahí donde quiere educar y actuar. Muchas veces la oración hecha con fe será acogida y se podrá reconocer la generosidad de Dios, pero otras también concederá una petición de la que, en lo sucesivo, sólo resultarán sufrimientos, y nadie será capaz de dar una explicación de ello, tal como aconteció con las codornices que llegan milagrosamente y que luego provocan la muerte. Una vez más debemos respetar el misterio o la santidad de Dios.

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