SOBICAIN

Centro Bíblico San Pablo

SOBICAIN / Centro Bíblico San Pablo

Biblia Latinoamérica

1 Cristo nos liberó para ser libres. Manténganse, pues, firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.

2 Yo, Pablo, se lo digo: si ustedes se hacen circuncidar, Cristo ya no les servirá de nada. 3 De nuevo declaro a todo el que se haga circuncidar: ahora estás obligado a practicar toda la Ley. 4 Ustedes, que se ganan méritos con las observancias de la Ley, se han desligado de Cristo y se han apartado de la gracia. 5 A nosotros, en cambio, el Espíritu nos da la convicción de que por la fe seremos tales como Dios nos quiere. 6 Para los que están en Cristo Jesús ya no son ventajas el tener o no tener la circuncisión; solamente vale la fe que actúa mediante el amor.

7 Ustedes estaban caminando bien; ¿quién les dio la señal de detenerse, para que ahora no sigan la verdad? 8 Porque ésa no era la voz de Aquel que los llamó. 9 Aunque la levadura sea poca, hace fermentar toda la masa. 10 Tengo la convicción en el Señor de que no van a desviarse, pero el que los perturba, sea quien fuere, debe ser juzgado.

11 Por mi parte, hermanos, si mantuviera la circuncisión, ¿creen que seguiría siendo perseguido? Pero con eso habría removido el escándalo de la cruz. 12 ¿Y por qué no llegan hasta mutilarse esos que los perturban?

La verdadera libertad

13 Nuestra vocación, hermanos, es la libertad. No hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne, sino del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros. 14 Pues la Ley entera se resume en una frase: Amarás al prójimo como a ti mismo.15 Pero si se muerden y se devoran unos a otros, ¡cuidado!, que llegarán a perderse todos.

16 Por eso les digo: caminen según el espíritu y así no realizarán los deseos de la carne. 17 Pues los deseos de la carne se oponen al espíritu y los deseos del espíritu se oponen a la carne. Los dos se contraponen, de suerte que ustedes no pueden obrar como quisieran. 18 Pero si se dejan guiar por el Espíritu ya no están sometidos a la Ley.

19 Es fácil reconocer lo que proviene de la carne: fornicación, impurezas y desvergüenzas; 20 culto de los ídolos y hechicería; odios, ira y violencias; celos, furores, ambiciones, divisiones, sectarismo 21 y envidias; borracheras, orgías y cosas semejantes. Les he dicho, y se lo repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

22 En cambio, el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, 23 mansedumbre y dominio de sí mismo. Estas son cosas que no condena ninguna Ley.

24 Los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus impulsos y deseos. 25 Si ahora vivimos según el espíritu, dejémonos guiar por el Espíritu; 26 depongamos toda vanagloria, dejemos de querer ser más que los demás y de ser celosos.

  • Evangelio según Juan 8,36
  • Carta a los Romanos 2,25
  • Carta de Santiago 2,10
  • Primera Carta a los Corintios 7,19
  • Carta de Santiago 2,14
  • Primera Carta a los Corintios 13,13
  • Primera Carta a los Corintios 5,6
  • Primera Carta a los Corintios 1,23
  • Carta a los Filipenses 3,2
  • Carta a los Romanos 6,15
  • Primera Carta de Pedro 2,16
  • Evangelio según Marcos 12,31
  • Carta a los Romanos 8,5
  • Carta a los Romanos 1,29
  • Carta a los Efesios 5,9
  • Segunda Carta a los Corintios 6,6
  • Primera Carta a los Corintios 13,4
  • Carta a los Colosenses 3,3
  • Primera Carta de Pedro 2,11
  • Carta a los Filipenses 2,3
Gál 5,1

Pablo no quiere que los convertidos se hagan circuncidar. Vean con qué firmeza les habla: ustedes se han apartado de la gracia. ¿Y por qué? Pues no era un pecado y Pablo podía muy bien tolerarlo sin alabarlo.

Para Pablo no se puede predicar el Evangelio de una manera auténtica sin tomar abiertamente posiciones que suscitan oposiciones. Una vez más, la verdad del Evangelio no está únicamente en las fórmulas de los dogmas, sino que también se encuentra en las posiciones adoptadas que muestran hasta qué punto somos libres. Si el Evangelio es una liberación, los apóstoles deben adoptar, al menos en determinados puntos, posturas que provocan desarreglos y que chocan. Jesús había dado ejemplo al violar la más santa de las leyes, la del sábado, sin tener necesidad de hacerlo.

Cualquier comportamiento auténticamente cristiano aparecerá, tarde o temprano, como escandaloso (11); pero nunca será tan escandaloso como lo fue la muerte de Jesús en la cruz (véase 1 Cor 1,17). Salvar a los hombres es, en cierta manera, hacerles descubrir lo que son delante de Dios y llevarlos así a enfrentar las fuerzas que los mantienen sometidos y alienados.

A eso se debe que Pablo sea tan agresivo respecto a las prácticas judías, a pesar de que, en privado, le gustaba usar las formas tradicionales de la piedad judía (He 18,18). A la manera de Pablo conviene preguntarse hoy: ¿quiénes son los que se someten a los prejuicios y a las fuerzas alienantes, y dónde están los perseguidos? (5,11; 6,12). Muchas veces se vive el Evangelio con más verdad en grupos cristianos concientizados y activos con relación a los grandes problemas actuales que donde no se ve más allá de preparar la celebración de fiestas.

Gál 5,13

Si los Gálatas andan en busca de prácticas religiosas, en parte es porque sienten que la fe debe expresarse de una manera concreta. Pablo, pues, les va a decir que si están buscando un terreno donde aplicarla, deberían echar una mirada a la vida de la comunidad. Estamos muy acostumbrados a un doble lenguaje: por un lado proclamamos que somos hijos de Dios, hablamos de la gracia, de la vida espiritual, y por otro, somos muy ordinarios, a menudo muy poco honrados y malvados en la vida cotidiana, manteniendo rivalidades dentro de la Iglesia, sobre todo si tenemos un nombre o un título que defender.

Pablo precisamente da una pequeña lista con las obras de la carne y otra con los frutos del Espíritu. Y junta, sin hacer diferencias, pecados gordos como la idolatría, y las ambiciones o divisiones tan comunes en los medios religiosos y practicantes. Se ve que para él carne y espíritu no son lo mismo que para nosotros «cuerpo» y «alma», pues la mezquindad y el apego a nuestros privilegios son también pecados de la carne, es decir, del hombre que se ha quedado extraño al Espíritu (véase el com. de 3,3 y de Rom 7,16).

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