Salmos

Salmo 78 (77)
21Esta larga meditación de estilo sapiencial evoca la historia de Israel, desde el Éxodo hasta la institución de la monarquía davídica. El relato histórico sirve de soporte a una enseñanza para el presente: en el recuerdo de su propio pasado, Israel debe encontrar un motivo de gratitud y fidelidad al Dios de la Alianza (vs. 6-7). Esta preocupación didáctica se manifiesta, sobre todo, en la presentación de la historia como una permanente contraposición entre la misericordia del Señor y las rebeldías de su Pueblo.
MEDITACIÓN SOBRE LA HISTORIA DE ISRAEL
1 Poema de Asaf.
Finalidad del poema
1 Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
1 presta atención a las palabras de mi boca:
2 yo voy a recitar un poema,
2 a revelar enigmas del pasado.
3 Lo que hemos oído y aprendido,
3 lo que nos contaron nuestros padres,
4 no queremos ocultarlo a nuestros hijos,
4 lo narraremos a la próxima generación:
4 son las glorias del Señor y su poder,
4 las maravillas que él realizó.
5 El Señor dio una norma a Jacob,
5 estableció una ley en Israel,
5 y ordenó a nuestros padres
5 enseñar estas cosas a sus hijos.
6 Así las aprenderán las generaciones futuras
6 y los hijos que nacerán después;
6 y podrán contarlas a sus propios hijos,
7 para que pongan su confianza en Dios,
7 para que no se olviden de sus proezas
7 y observen sus mandamientos.
8 Así no serán como sus padres,
8 una raza obstinada y rebelde,
8 una raza de corazón inconstante
8 y de espíritu infiel a Dios:
9 como los arqueros de la tribu de Efraím,
9 que retrocedieron en el momento del combate.
10 Ellos no mantuvieron su alianza con Dios,
10 se negaron a seguir su ley;
11 olvidaron las proezas del Señor
11 y las maravillas que les hizo ver.
Las maravillas del Éxodo
12 El Señor hizo prodigios a la vista de sus padres,
12 en la tierra de Egipto, en los campos de Tanis;
13 abrió el Mar para darles paso
13 y contuvo las aguas como un dique;
14 de día los guiaba con la nube
14 y de noche, con el resplandor del fuego.
15 Partió las rocas en el desierto
15 y les dio de beber a raudales:
16 sacó manantiales del peñasco,
16 hizo correr las aguas como ríos.
La rebeldía de Israel
17 Pero volvieron a pecar contra él
17 y a rebelarse contra el Altísimo en el desierto:
18 tentaron a Dios en sus corazones,
18 pidiendo comida a su antojo.
19 Hablaron contra Dios, diciendo:
19 “¿Acaso tiene Dios poder suficiente
19 para preparar una mesa en el desierto?
20 Es verdad que cuando golpeó la roca,
20 brotó el agua y desbordaron los torrentes;
20 pero ¿podrá también darnos pan
20 y abastecer de carne a su pueblo?”.
21 El Señor, al oírlos, se indignó,
21 y un fuego se encendió contra Jacob;
21 su enojo se alzó contra Israel,
22 porque no creyeron en Dios
22 ni confiaron en su auxilio.
La condescendencia divina
23 Entonces mandó a las nubes en lo alto
23 y abrió las compuertas del cielo:
24 hizo llover sobre ellos el maná,
24 les dio como alimento un trigo celestial;
25 todos comieron un pan de ángeles,
25 les dio comida hasta saciarlos.
26 Hizo soplar desde el cielo el viento del este,
26 atrajo con su poder el viento del sur;
27 hizo llover sobre ellos carne como polvo
27 y pájaros como arena del mar:
28 los dejó caer en medio del campamento,
28 alrededor de sus carpas.
29 Ellos comieron y se hartaron,
29 el Señor les dio lo que habían pedido;
30 pero apenas saciaron su avidez,
30 cuando aún estaban con la boca llena,
31 la ira del Señor se desató contra ellos:
31 hizo estragos entre los más fuertes
31 y abatió a lo mejor de Israel.
La infidelidad del Pueblo y la misericordia de Dios
32 A pesar de todo, volvieron a pecar
32 y no creyeron en sus maravillas;
33 por eso él acabó sus días como un soplo,
33 y sus años en un solo instante.
34 Cuando los hacía morir, lo buscaban
34 y se volvían a él ansiosamente:
35 recordaban que Dios era su Roca,
35 y el Altísimo, su libertador.
36 Pero lo elogiaban de labios para afuera
36 y mentían con sus lenguas;
37 su corazón no era sincero con él
37 y no eran fieles a su alianza.
38 El Señor, que es compasivo,
38 los perdonaba en lugar de exterminarlos;
38 una y otra vez reprimió su enojo
38 y no dio rienda suelta a su furor:
39 sabía que eran simples mortales,
39 un soplo que pasa y ya no vuelve.
40 ¡Cuántas veces lo irritaron en el desierto
40 y lo afligieron en medio de la soledad!
41 Volvían a tentar a Dios
41 y a exasperar al Santo de Israel,
42 sin acordarse de lo que hizo su mano,
42 cuando los rescató de la opresión.
Las intervenciones de Dios en favor de su Pueblo
43 Porque él hizo portentos en Egipto
43 y prodigios en los campos de Tanis;
44 convirtió en sangre sus canales,
44 y también sus ríos, para que no bebieran;
45 les mandó tábanos voraces
45 y ranas que hacían estragos.
46 Entregó sus cosechas al pulgón
46 y el fruto de sus trabajos a las langostas;
47 destruyó sus viñedos con el granizo
47 y sus higueras con la helada;
48 desató la peste contra el ganado
48 y la fiebre contra los rebaños.
49 Lanzó contra ellos el ardor de su enojo,
49 su ira, su furor y su indignación
49 –un tropel de mensajeros de desgracias–
50 dando así libre curso a su furor;
50 no los quiso librar de la muerte,
50 hizo que la peste acabara con sus vidas.
51 Hirió a los primogénitos de Egipto,
51 a los hijos mayores de la tierra de Cam;
52 sacó a su pueblo como a un rebaño,
52 y los guió como a ovejas por el desierto:
53 los condujo seguros y sin temor,
53 mientras el Mar cubría a sus adversarios.
54 Los llevó hasta su Tierra santa,
54 hasta la Montaña que adquirió con su mano;
55 delante de ellos expulsó a las naciones,
55 les asignó por sorteo una herencia
55 e instaló en sus carpas a las tribus de Israel.
El castigo de la infidelidad
56 Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
56 no observaron los preceptos del Altísimo;
57 desertaron y fueron traidores como sus padres,
57 se desviaron como un arco fallido.
58 Lo afligieron con sus lugares de culto,
58 le provocaron celos con sus ídolos:
59 Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
59 y rechazó duramente a Israel.
60 Abandonó la Morada de Silo,
60 la Carpa donde habitaba entre los hombres;
61 entregó su Fortaleza al cautiverio,
61 su Arca gloriosa en manos del enemigo.
62 Entregó su pueblo a la espada,
62 se enfureció contra su herencia;
63 el fuego devoró a sus jóvenes,
63 y no hubo canto nupcial para sus vírgenes;
64 sus sacerdotes cayeron bajo la espada,
64 y sus viudas no pudieron celebrar el duelo.
La elección de Judá y de David
65 Pero el Señor se levantó como de un sueño,
65 como un guerrero adormecido por el vino:
66 él hirió al enemigo con la espada,
66 le infligió una derrota completa.
67 Rechazó a los campamentos de José
67 y no eligió a la tribu de Efraím:
68 eligió a la tribu de Judá,
68 a la montaña de Sión, su predilecta.
69 Construyó su Santuario como el cielo en lo alto,
69 como la tierra, que cimentó para siempre;
70 y eligió a David, su servidor,
70 sacándolo de entre los rebaños de ovejas.
71 Cuando iba detrás de las ovejas, lo llamó
71 para que fuera pastor de Jacob, su pueblo,
71 y de Israel, su herencia;
72 él los apacentó con integridad de corazón
72 y los guió con la destreza de su mano.
72Salmo 79 (78)
72El motivo de esta súplica nacional es la deplorable situación en que se encuentra Israel: los paganos han devastado y profanado la herencia del Señor (v. 1); muchos fieles han caído bajo la espada, sus cadáveres han sido abandonados a las aves de rapiña y los pueblos vecinos celebran esa derrota (vs. 2-4). El salmista reconoce que la tragedia nacional es el justo castigo de reiteradas infidelidades (v. 8); pero hace presente al Señor que esa derrota compromete la gloria de su Nombre (v. 9), ya que Israel es su Pueblo y su “rebaño” (v. 13). Si no escucha el llanto de los cautivos, los paganos pensarán que es inútil servir al Señor (v. 10).
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO POR LA SUERTE DE JERUSALÉN
1 Salmo de Asaf.
La destrucción de la Ciudad santa
1 Señor, los paganos invadieron tu herencia,
1 profanaron tu santo Templo,
1 hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
2 dieron los cadáveres de tus servidores
2 como pasto a las aves del cielo,
2 y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra.
3 Derramaron su sangre como agua
3 alrededor de Jerusalén
3 y nadie les daba sepultura.
4 Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
4 la irrisión y la burla de los que nos rodean.
5 ¿Hasta cuándo, Señor?
5 ¿Estarás enojado para siempre?
5 ¿Arderán tus celos como un fuego?
Súplica por la liberación
6 Derrama tu furor
6 sobre las naciones que no te reconocen,
6 y sobre los reinos que no invocan tu Nombre,
7 porque han devorado a Jacob,
7 y han devastado su dominio.
8 No recuerdes para nuestro mal
8 las culpas de otros tiempos;
8 compadécete pronto de nosotros,
8 porque estamos totalmente abatidos.
9 Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
9 por el honor de tu Nombre;
9 líbranos y perdona nuestros pecados,
9 a causa de tu Nombre.
10 ¿Por qué han de decir los paganos:
10 “¿Dónde está su Dios?”.
10 Que se ponga de manifiesto entre las naciones,
10 ante nuestros propios ojos,
10 cómo has vengado la sangre de tus servidores,
10 que ha sido derramada.
11 Llegue hasta tu presencia
11 el lamento de los cautivos,
11 preserva con tu brazo poderoso
11 a los que están condenados a muerte.
12 Devuelve siete veces a nuestros vecinos
12 la afrenta que te hicieron, Señor.
13 Y nosotros, que somos tu pueblo
13 y las ovejas de tu rebaño,
13 te daremos gracias para siempre,
13 y cantaremos tus alabanzas
13 por todas las generaciones.
« Anterior | Siguiente »