Salmos

Salmo 63 (62)
13Un profundo anhelo de Dios -bellamente expresado con la imagen de la tierra sedienta (v. 2)- es el sentimiento que domina todo este Salmo. Su autor podría ser un levita desterrado, que recuerda el tiempo en que vivía junto al Santuario, gozando de la intimidad con el Señor. En el silencio de la noche rememora aquellas horas felices, y ese recuerdo le sirve de consuelo (vs. 7-9). El versículo final indica que el salmista identifica su propia suerte con la de todo su Pueblo, representado en la persona del rey.
EL ANSIA DE DIOS
1 Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá.
2 Señor, tú eres mi Dios,
2 yo te busco ardientemente;
2 mi alma tiene sed de ti,
2 por ti suspira mi carne
2 como tierra sedienta, reseca y sin agua.
3 Sí, yo te contemplé en el Santuario
3 para ver tu poder y tu gloria.
4 Porque tu amor vale más que la vida,
4 mis labios te alabarán.
5 Así te bendeciré mientras viva
5 y alzaré mis manos en tu Nombre.
6 Mi alma quedará saciada
6 como con un manjar delicioso,
6 y mi boca te alabará
6 con júbilo en los labios.
7 Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
7 y en las horas de la noche medito en ti,
8 veo que has sido mi ayuda
8 y soy feliz a la sombra de tus alas.
9 Mi alma está unida a ti,
9 tu mano me sostiene.
10 Que caigan en lo más profundo de la tierra
10 los que buscan mi perdición;
11 que sean pasados al filo de la espada
11 y arrojados como presa a los chacales.
12 Pero el rey se alegrará en el Señor;
12 y los que juran por él se gloriarán,
12 cuando se haga callar a los traidores.
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