Salmos

Salmo 51 (50)
23Este Salmo -designado tradicionalmente con el nombre de Miserere- es la súplica penitencial por excelencia. El salmista es consciente de su profunda miseria (v. 7) y experimenta la necesidad de una total transformación interior, para no dejarse arrastrar por su tendencia al pecado (v. 4). Por eso, además de reconocer sus faltas y de implorar el perdón divino, suplica al Señor que lo renueve íntegramente, “creando” en su interior “un corazón puro” (v. 12).
23El tono de la súplica es marcadamente personal, y en el contenido del Salmo se percibe la influencia de los grandes profetas, en especial de Jeremías (24. 7) y Ezequiel (36. 25-27). En él se encuentra, además, el germen de la doctrina paulina acerca del “hombre nuevo” (Col. 3. 10; Ef. 4. 24).
23Este es uno de los Salmos llamados “penitenciales” (Sal. 6; 32; 38; 102; 130; 143).
SÚPLICA DEL PECADOR ARREPENTIDO
1 Del maestro de coro. Salmo de David. 2 Cuando el profeta Natán lo visitó, después que aquel se había unido a Betsabé.
Humilde reconocimiento del pecado
3 ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
3 por tu gran compasión, borra mis faltas!
4 ¡Lávame totalmente de mi culpa
4 y purifícame de mi pecado!
5 Porque yo reconozco mis faltas
5 y mi pecado está siempre ante mí.
6 Contra ti, contra ti solo pequé
6 e hice lo que es malo a tus ojos.
6 Por eso, será justa tu sentencia
6 y tu juicio será irreprochable;
7 yo soy culpable desde que nací;
7 pecador me concibió mi madre.
Anhelo de renovación interior
8 Tú amas la sinceridad del corazón
8 y me enseñas la sabiduría en mi interior.
9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
9 lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
10 Anúnciame el gozo y la alegría:
10 que se alegren los huesos quebrantados.
11 Aparta tu vista de mis pecados
11 y borra todas mis culpas.
12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
12 y renueva la firmeza de mi espíritu.
13 No me arrojes lejos de tu presencia
13 ni retires de mí tu santo espíritu.
14 Devuélveme la alegría de tu salvación,
14 que tu espíritu generoso me sostenga:
15 yo enseñaré tu camino a los impíos
15 y los pecadores volverán a ti.
16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
16 y mi lengua anunciará tu justicia!
17 Abre mis labios, Señor,
17 y mi boca proclamará tu alabanza.
18 Los sacrificios no te satisfacen;
18 si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
19 mi sacrificio es un espíritu contrito,
19 tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
19 * * *
20 Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
20 reconstruye los muros de Jerusalén.
21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales
21 –las oblaciones y los holocaustos–
21 y se ofrecerán novillos en tu altar.
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