Salmos

Salmo 36 (35)
28En este Salmo se contrapone vívidamente la maldad del impío a la bondad de Dios. Los versículos iniciales (2-5) presentan al impío como inspirado por una fuerza interior -el Pecado- que lo induce a la rebelión contra Dios y a la práctica del mal. La segunda parte (vs. 6-l0)describe en estilo hímnico la Providencia universal de Dios, el dador de toda vida, que colma de felicidad a sus fieles. El Salmo concluye con una súplica (vs. 11-12), en la que el salmista pide la protección divina para sí y para todos los fieles, y anuncia la destrucción de los malvados (v. 13).
LA MALDAD DEL PECADOR Y LA BONDAD DE DIOS
1 Del maestro de coro. De David, el servidor del Señor.
Reflexión sobre la conducta del impío
2 El pecado habla al impío
2 en el fondo de su corazón;
2 para él no hay temor de Dios,
3 porque se mira con tan buenos ojos
3 que no puede descubrir ni aborrecer su culpa.
4 Las palabras de su boca son maldad y traición;
4 dejó de ser sensato y de practicar el bien;
5 en su lecho, sólo piensa hacer el mal,
5 se obstina en el camino del crimen
5 y no reprueba al malvado.
Alabanza y súplica a la misericordia de Dios
6 Tu misericordia, Señor, llega hasta el cielo,
6 tu fidelidad hasta las nubes.
7 Tu justicia es como las altas montañas,
7 tus juicios, como un océano inmenso.
7 Tú socorres a los hombres y a las bestias:
8 ¡qué inapreciable es tu misericordia, Señor!
8 Por eso los hombres se refugian
8 a la sombra de tus alas.
9 Se sacian con la abundancia de tu casa,
9 les das de beber del torrente de tus delicias.
10 En ti está la fuente de la vida,
10 y por tu luz vemos la luz.
11 Extiende tu gracia sobre los que te reconocen,
11 y tu justicia sobre los rectos de corazón.
12 ¡Que el pie del orgulloso no me alcance
12 ni me derribe la mano del malvado!
13 Miren cómo cayeron los malhechores:
13 fueron derribados, y ya no podrán levantarse.
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