Salmos

Salmo 29 (28)
9Este vibrante himno de alabanza celebra la majestad y el poder de Dios, que se manifiestan en el fragor de la tormenta. La “voz del Señor” es el trueno, que sacude con su ímpetu todas las fuerzas de la naturaleza (vs. 3-9). A la voz del Señor en esta teofanía cósmica, responde la alabanza litúrgica de toda la creación, expresada en una sola palabra “¡Gloria!” (v. 9).
9Probablemente, este Salmo es la adaptación de un antiguo himno cananeo en honor de Baal, el dios de las tormentas.
LA GRANDEZA DEL SEÑOR REVELADA EN LA TEMPESTAD
1 Salmo de David.
1 ¡Aclamen al Señor, hijos de Dios,
1 aclamen la gloria y el poder del Señor!
2 ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor,
2 adórenlo al manifestarse su santidad!
3 ¡La voz del Señor sobre las aguas!
3 El Dios de la gloria hace oír su trueno:
3 el Señor está sobre las aguas torrenciales.
4 ¡La voz del Señor es potente,
4 la voz del Señor es majestuosa!
5 La voz del Señor parte los cedros,
5 el Señor parte los cedros del Líbano;
6 hace saltar al Líbano como a un novillo
6 y al Sirión como a un toro salvaje.
7 La voz del Señor lanza llamas de fuego;
8 la voz del Señor hace temblar el desierto,
8 el Señor hace temblar el desierto de Cades.
9 La voz del Señor retuerce las encinas,
9 el Señor arrasa las selvas.
9 En su Templo, todos dicen: “¡Gloria!”.
10 El Señor tiene su trono
10 sobre las aguas celestiales,
10 el Señor se sienta en su trono de Rey eterno.
11 El Señor fortalece a su pueblo,
11 él bendice a su pueblo con la paz.
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