Salmos

Salmo 139 (138)
8En un lenguaje de profundo lirismo, el salmista expresa su admiración ante la insondable sabiduría de Dios, que penetra todas las cosas y sondea hasta lo más íntimo del corazón humano.
8El tono sereno y meditativo del Salmo se interrumpe bruscamente en el v. 19, para introducir una severa imprecación contra los impíos. Esta imprecación -que a primera vista parece fuera de lugar - da mucha luz sobre la situación en que el Salmo fue pronunciado originariamente: el salmista, hostigado por “hombres sanguinarios” (v. 19), se somete al juicio de Dios, pidiéndole que “examine” su conducta y sus intenciones (v. 23). Su hondo sentido de la trascendencia divina le impide declarar abiertamente su inocencia, y sólo la insinúa con una gran humildad (v. 24).
LA OMNIPRESENCIA DE DIOS
1 Del maestro de coro. De David. Salmo.
Reconocimiento de la insondable sabiduría de Dios
1 Señor, tú me sondeas y me conoces,
2 tú sabes si me siento o me levanto;
2 de lejos percibes lo que pienso,
3 te das cuenta si camino o si descanso,
3 y todos mis pasos te son familiares.
4 Antes que la palabra esté en mi lengua,
4 tú, Señor, la conoces plenamente;
5 me rodeas por detrás y por delante
5 y tienes puesta tu mano sobre mí;
6 una ciencia tan admirable me sobrepasa:
6 es tan alta que no puedo alcanzarla.
7 ¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
7 ¿A dónde huiré de tu presencia?
8 Si subo al cielo, allí estás tú;
8 si me tiendo en el Abismo, estás presente.
9 Si tomara las alas de la aurora
9 y fuera a habitar en los confines del mar,
10 también allí me llevaría tu mano
10 y me sostendría tu derecha.
11 Si dijera: “¡Que me cubran las tinieblas
11 y la luz sea como la noche a mi alrededor!”,
12 las tinieblas no serían oscuras para ti
12 y la noche sería clara como el día.
13 Tú creaste mis entrañas,
13 me plasmaste en el seno de mi madre:
14 te doy gracias porque fui formado
14 de manera tan admirable.
14 ¡Qué maravillosas son tus obras!
14 Tú conocías hasta el fondo de mi alma
15 y nada de mi ser se te ocultaba,
15 cuando yo era formado en lo secreto,
15 cuando era tejido en lo profundo de la tierra.
16 Tus ojos ya veían mis acciones,
16 todas ellas estaban en tu Libro;
16 mis días estaban escritos y señalados,
16 antes que uno solo de ellos existiera.
17 ¡Qué difíciles son para mí tus designios!
17 ¡Y qué inmenso, Dios mío, es el conjunto de ellos!
18 Si me pongo a contarlos, son más que la arena;
18 y si terminara de hacerlo,
18 aún entonces seguiría a tu lado.
Profesión de inocencia frente a los malvados
19 ¡Ojalá, Dios mío, hicieras morir a los malvados
19 y se apartaran de mí los hombres sanguinarios,
20 esos que hablan de ti con perfidia
20 y en vano se rebelan contra ti!
21 ¿Acaso yo no odio a los que te odian
21 y aborrezco a los que te desprecian?
22 Yo los detesto implacablemente,
22 y son para mí verdaderos enemigos.
23 Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior;
23 examíname y conoce lo que pienso;
24 observa si estoy en un camino falso
24 y llévame por el camino eterno.
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