Salmos

Salmo 110 (109)
31El núcleo de este Salmo “real” está constituido por un oráculo del Señor, que proclama los privilegios concedidos a los reyes davídicos en el día de su entronización. Este oráculo se articula en tres partes, introducidas y ampliadas por la palabra del salmista. El primer privilegio del rey es el de ser lugarteniente del Señor y partícipe de su soberanía (vs. 1-2). El segundo radica en su filiación divina, fundada en una adopción por parte de Dios (v. 3). El tercero es su condición de sacerdote “a la manera de Melquisedec” (v. 4), el antiguo rey de Jerusalén y sacerdote de Dios, el Altísimo (Gn. 14. 18).
31Con el transcurso del tiempo -sobre todo después del exilio- este Salmo sirvió para alentar la esperanza mesiánica de Israel. En este mismo sentido lo utiliza el Nuevo Testamento, citándolo repetidamente como un testimonio profético de la dignidad mesiánica de Jesús, el Rey y Sacerdote de la Nueva Alianza
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
1 De David. Salmo.
La realeza del Mesías
1 Dijo el Señor a mi Señor:
1 “Siéntate a mi derecha,
1 mientras yo pongo a tus enemigos
1 como estrado de tus pies”.
2 El Señor extenderá el poder de tu cetro:
2 “¡Domina desde Sión, en medio de tus enemigos!”.
3 “Tú eres príncipe desde tu nacimiento,
3 con esplendor de santidad;
3 yo mismo te engendré como rocío,
3 desde el seno de la aurora”.
El sacerdocio del Mesías
4 El Señor lo ha jurado y no se retractará:
4 “Tú eres sacerdote para siempre,
4 a la manera de Melquisedec”.
Las victorias del Mesías
5 A tu derecha, Señor, él derrotará a los reyes,
5 en el día de su enojo;
6 juzgará a las naciones, amontonará cadáveres
6 y aplastará cabezas por toda la tierra.
7 En el camino beberá del torrente,
7 por eso erguirá su cabeza.
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