Salmos

Salmo 101 (100)
5Este Salmo es una profesión de fidelidad a la misión que Dios había confiado a David y a sus descendientes: la de gobernar con justicia la “Ciudad del Señor” (v. 8). Es difícil determinar con exactitud en qué circunstancias el rey davídico debía pronunciar estas palabras. Probablemente, lo hacía en el transcurso de una acción litúrgica, que conmemoraba periódicamente la institución de la dinastía y la alianza del Señor con la casa de David.
5La tradición cristiana ha encontrado en este Salmo el ideal y el programa de todo gobierno justo.
LAS CUALIDADES DEL BUEN GOBERNANTE
1 De David. Salmo.
1 Celebraré con un canto la bondad y la justicia:
1 a ti, Señor, te cantaré;
2 expondré con sensatez el camino perfecto:
2 ¿cuándo vendrás en mi ayuda?
2 Yo procedo con rectitud de corazón
2 en los asuntos de mi casa;
3 nunca pongo mis ojos
3 en cosas infames.
3 Detesto la conducta de los descarriados
3 y no los cuento entre mis amigos;
4 la gente falsa se aparta de mí
4 y nunca apruebo al malvado.
5 Al que difama en secreto a su prójimo
5 lo hago desaparecer;
5 al de mirada altiva y corazón soberbio
5 no lo puedo soportar.
6 Pongo mis ojos en las personas leales
6 para que estén cerca de mí;
6 el que va por el camino perfecto
6 es mi servidor.
7 No habita dentro de mi casa
7 el hombre traicionero;
7 la gente mentirosa no puede permanecer
7 delante de mi vista.
8 Hago desaparecer día tras día
8 a los malvados del país,
8 para extirpar de la Ciudad del Señor
8 a todos los que hacen el mal.
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