1ª Carta de san Juan

PRÓLOGO
1Lo mismo que en el Prólogo de su Evangelio, Juan comienza su primera Carta presentando a Jesús como la «Palabra de Vida» (1. 1), que existía desde el principio en Dios y se hizo visible a los hombres. Cristo es, en efecto, la máxima y definitiva expresión de Dios. Él posee la plenitud de la Vida divina y nos hace partícipes de ella, para que entremos en comunión con él y con su Padre (1. 3). Como en el cuarto Evangelio (Jn. 19. 35; 21. 24), también aquí Juan insiste en su condición de testigo ocular del Señor (1. 2).
1
1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído,
1 lo que hemos visto con nuestros ojos,
1 lo que hemos contemplado
1 y lo que hemos tocado con nuestras manos
1 acerca de la Palabra de Vida,
1 es lo que les anunciamos.
2 Porque la Vida se hizo visible,
2 y nosotros la vimos y somos testigos,
2 y les anunciamos la Vida eterna,
2 que existía junto al Padre
2 y que se nos ha manifestado.
3 Lo que hemos visto y oído,
3 se lo anunciamos también a ustedes,
3 para que vivan en comunión con nosotros.
3 Y nuestra comunión es con el Padre
3 y con su Hijo Jesucristo.
4 Les escribimos esto
4 para que nuestra alegría sea completa.
EXHORTACIÓN A VIVIR EN LA LUZ
4«Dios es luz» (1. 5). ¡Qué hermosa noticia! La metáfora de la luz aplicada a Dios era frecuente en las religiones antiguas. También san Juan la utiliza, como lo hace Pablo cuando dice que Dios «habita en una luz inaccesible» (1 Tim. 6. 16). Y el autor de esta Carta nos advierte que para entrar en comunión con Dios es necesario «caminar» en la luz (1. 7). Así retoma una típica expresión bíblica que equivale a «vivir en la luz».
4Si queremos vivir en la luz, tenemos que comenzar por reconocer nuestra condición de pecadores y dejarnos justificar por Jesucristo (1. 8 - 2. 2). De ahí en más, debemos cumplir los mandamientos de Dios. Esta es la señal de que conocemos verdaderamente a Dios (2. 3). El otro conocimiento, el meramente intelectual, es un engaño. Y el gran mandamiento que debemos cumplir, el mandamiento «nuevo» y «antiguo» a la vez, es el del amor al prójimo (2. 7). «El que no ama a su hermano, está en las tinieblas» (2. 11) y, por lo tanto, no puede conocer a Dios como se nos dice abiertamente al final de la Carta.
Dios es luz
5 La noticia que hemos oído de él
5 y que nosotros les anunciamos, es esta:
5 Dios es luz, y en él no hay tinieblas.
6 Si decimos que estamos en comunión con él
6 y caminamos en las tinieblas,
6 mentimos y no procedemos conforme a la verdad.
7 Pero si caminamos en la luz,
7 como él mismo está en la luz,
7 estamos en comunión unos con otros,
7 y la sangre de su Hijo Jesús
7 nos purifica de todo pecado.
El reconocimiento de nuestros pecados
8 Si decimos que no tenemos pecado,
8 nos engañamos a nosotros mismos
8 y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados,
9 él es fiel y justo
9 para perdonarnos
9 y purificarnos de toda maldad.
10 Si decimos que no hemos pecado,
10 lo hacemos pasar por mentiroso,
10 y su palabra no está en nosotros.
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