Carta a los Hebreos

Prólogo: La revelación de Dios por medio de Jesucristo
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1 Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, 2 ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
3 Él es el resplandor de su gloria
3 y la impronta de su ser.
3 Él sostiene el universo con su Palabra poderosa,
3 y después de realizar la purificación de los pecados,
3 se sentó a la derecha del trono de Dios
3 en lo más alto del cielo.
4 Así llegó a ser tan superior a los ángeles,
4 cuanto incomparablemente mayor que el de ellos
4 es el Nombre que recibió en herencia.
LA SUPREMACÍA DE CRISTO, HIJO DE DIOS Y HERMANO DE LOS HOMBRES
4Según las ideas corrientes en el Judaísmo, los ángeles ocupaban un lugar de absoluta preeminencia, a causa de su proximidad con Dios. Ellos eran los mensajeros del Señor y sus colaboradores en el gobierno del mundo. Una tradición judía afirmaba incluso que la Ley de Moisés había sido revelada a través de estos «mediadores» entre Dios y los hombres (Gál. 3. 19). ¿También Cristo estaría subordinado a ellos? Para disipar toda duda al respecto, el autor demuestra la superioridad incomparable de Cristo, apoyándose en siete citas del Antiguo Testamento. De acuerdo con esos textos, a Cristo y no a los ángeles, le corresponden los títulos de «Hijo» (1. 5), de «Primogénito» (1. 6) y de «Señor» (1. 10) y el «Nombre» mismo de «Dios» (1. 8-9).
4Pero esa total supremacía de Cristo no lo separa de los hombres. Al contrario, él compartió plenamente la condición humana y aceptó voluntariamente la humillación y la muerte, haciéndose así por un momento inferior a los ángeles (2. 7, 9). Aunque es Hijo de Dios por naturaleza, también se hizo Hermano de los hombres, «nacido de una mujer» (Gál. 4. 4), a fin de constituirse en «el Primogénito entre muchos hermanos» (Rom. 8. 29). Era necesario que Cristo llevara hasta el fin su solidaridad con los hombres, para que por medio de él, la humanidad fuera liberada del pecado y conducida a la salvación definitiva. Sólo así llegó a ser el Sumo Sacerdote capaz de salvarnos (2. 17-18), lo que constituye el tema central de esta Carta.
Cristo, superior a los ángeles
5 ¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel:
5 Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?
5 ¿Y de qué ángel dijo:
5 Yo seré un padre para él
5 y él será para mí un hijo?
6 Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice:
6 Que todos los ángeles de Dios lo adoren.
7 Hablando de los ángeles, afirma:
7 A sus ángeles, los hace como ráfagas de viento;
7 y a sus servidores, como llamas de fuego.
8 En cambio, a su Hijo le dice:
8 Tu trono, Dios, permanece para siempre.
8 El cetro de tu realeza es un cetro justiciero.
9 Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad.
9 Por eso Dios, tu Dios, te ungió con el óleo de la alegría,
9 prefiriéndote a tus compañeros.
10 Y también le dice:
9 Tú, Señor, al principio fundaste la tierra,
9 y el cielo es obra de tus manos.
11 Ellos desaparecerán, pero tú permaneces.
11 Todos se gastarán como un vestido
12 y los enrollarás como un manto:
12 serán como un vestido que se cambia.
12 Pero tú eres siempre el mismo,
12 y tus años no tendrán fin.
13 ¿Y a cuál de los ángeles dijo jamás:
13 Siéntate a mi derecha,
13 hasta que ponga a tus enemigos
13 debajo de tus pies?
14 ¿Acaso no son todos ellos espíritus al servicio de Dios, enviados en ayuda de los que van a heredar la salvación?
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