1ª Carta a los Tesalonicenses

Saludo inicial
1
1 Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la Iglesia de Tesalónica, que está unida a Dios Padre y al Señor Jesucristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz.
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA FE DE LOS TESALONICENSES
1Resulta conmovedor leer el comienzo de esta primera Carta a los cristianos de Tesalónica, que es el primer documento escrito del Nuevo Testamento. En él palpita todo el afecto paternal de Pablo hacia esa comunidad, que había recibido tan alegre y decididamente la Buena Noticia de Jesucristo, a pesar de las dificultades y persecuciones. El Apóstol no se cansa de alabarla y de presentarla como ejemplo de fe, de esperanza y de amor.
1Al mismo tiempo, él quiere dejar bien en claro la sinceridad y el desinterés con que les anunció la Buena Noticia. Pero sobre todo reconoce que la eficacia de su predicación se debe a la acción misteriosa del Espíritu. Ese Espíritu es el que obra cuando se proclama la Palabra del Evangelio. Y él da la fuerza necesaria para convertirse «al Dios vivo y verdadero» (1. 9) y para esperar la Venida gloriosa de Jesús resucitado. Por todo eso, Pablo da repetidas gracias a Dios y expresa su profunda alegría.
Elogios y felicitaciones
2 Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, cuando los recordamos en nuestras oraciones, 3 y sin cesar tenemos presente delante de Dios, nuestro Padre, cómo ustedes han manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su esperanza en nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia.
4 Sabemos, hermanos amados por Dios, que ustedes han sido elegidos. 5 Porque la Buena Noticia que les hemos anunciado llegó hasta ustedes, no solamente con palabras, sino acompañada de poder, de la acción del Espíritu Santo y de toda clase de dones. Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes. 6 Y ustedes, a su vez, imitaron nuestro ejemplo y el del Señor, recibiendo la Palabra en medio de muchas dificultades, con la alegría que da el Espíritu Santo. 7 Así llegaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya. 8 En efecto, de allí partió la Palabra del Señor, que no sólo resonó en Macedonia y Acaya: en todas partes se ha difundido la fe que ustedes tienen en Dios, de manera que no es necesario hablar de esto. 9 Ellos mismos cuentan cómo ustedes me han recibido y cómo se convirtieron a Dios, abandonando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, 10 y esperar a su Hijo, que vendrá desde el cielo: Jesús, a quien él resucitó y que nos libra de la ira veni dera.
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