Carta a los Efesios

Saludo inicial
1
1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, saluda a los santos que creen en Cristo Jesús. 2 Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA
2La Carta se inicia con un solemne himno que refleja las características del estilo litúrgico y se inspira en las grandes bendiciones judías. Su tema es el «misterio de Cristo» (3. 4), o sea, el designio divino de salvación, oculto desde la eternidad en Dios, anunciado por los Profetas y realizado plenamente en Jesucristo. La iniciativa de este designio pertenece al Padre. Él nos eligió y nos predestinó para que fuéramos sus hijos adoptivos. Pero quien cumple la acción salvadora del Padre es «su Hijo muy querido» (1. 6), por medio del Espíritu, que es «el anticipo de nuestra herencia» en la gloria (1. 14).
2Este tema medular de la fe cristiana se amplía a lo largo de la primera parte de la Carta. Pablo destaca «la extraordinaria grandeza del poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos» (1. 19-20) y «lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia» (1. 22). A ella, que es su Cuerpo, le comunicó abundantemente los dones del Espíritu (1 Cor. 12. 4-11). Y a ella le toca llevar a su plenitud la obra salvadora del Señor, haciendo cada vez más efectiva la reconciliación de los hombres con Dios y entre sí.
El plan de salvación
3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
3 que nos ha bendecido en Cristo
3 con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
4 y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo,
4 para que fuéramos santos
4 e irreprochables en su presencia, por el amor.
5 Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
5 por medio de Jesucristo,
5 conforme al beneplácito de su voluntad,
6 para alabanza de la gloria de su gracia,
6 que nos dio en su Hijo muy querido.
7 En él hemos sido redimidos por su sangre
7 y hemos recibido el perdón de los pecados,
7 según la riqueza de su gracia,
8 que Dios derramó sobre nosotros,
8 dándonos toda sabiduría y entendimiento.
9 Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,
9 conforme al designio misericordioso
9 que estableció de antemano en Cristo,
10 para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
10 reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
10 bajo un solo jefe, que es Cristo.
11 En él hemos sido constituidos herederos,
11 y destinados de antemano –según el previo designio
11 del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad–
12 a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo,
12 para alabanza de su gloria.
13 En él, ustedes,
13 los que escucharon la Palabra de la verdad,
13 la Buena Noticia de la salvación,
13 y creyeron en ella,
13 también han sido marcados con un sello
13 por el Espíritu Santo prometido.
14 Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia
14 y prepara la redención del pueblo
14 que Dios adquirió para sí,
14 para alabanza de su gloria.
La supremacía de Cristo
15 Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos, 16 doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones. 17 Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. 18 Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, 19 y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder 20 que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, 21 elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. 22 Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, 23 que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.
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