Esdras

EL RETORNO DE LOS DEPORTADOS Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO
1En el verano del 538 a. C., Ciro promulga un edicto autorizando a los judíos exiliados en Babilonia a regresar a su patria. En seguida se organiza una primera caravana, a la que se van sumando otras, que llevan a Jerusalén parte de los desterrados. Allí el pueblo, purificado por la prueba del exilio y animado por una ardiente esperanza mesiánica, restaura el altar de los sacrificios y pone los cimientos del nuevo Templo.
1Pero la comunidad judía, si bien goza de una cierta autonomía interna, depende de la provincia persa de Samaría, que no ve con buenos ojos la llegada de los repatriados. Esta animosidad de las poblaciones vecinas agrava las penurias del pequeño grupo que debe rehacerlo todo desde el comienzo, y las obras de restauración del Templo quedan pronto interrumpidas.
1Varios años más tarde, en el 520, los profetas Ageo y Zacarías despiertan al pueblo de su inercia, y las obras se reinician con renovado entusiasmo. Después de cinco años de trabajo, en el 515, el edificio queda terminado, y el pueblo celebra solemnemente la Dedicación del Templo y la fiesta de la Pascua.
El edicto de Ciro y el retorno de Sesbasar
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1 En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino: 2 “Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra, y me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. 3 Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, que su Dios lo acompañe y suba a Jerusalén, de Judá, para reconstruir la Casa del Señor, el Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. 4 Que la población de cada lugar ayude a todos los que queden de ese pueblo, en cualquier parte donde residan, proporcionándoles plata, oro, bienes y ganado, como así también otras ofrendas voluntarias para la Casa del Dios que está en Jerusalén”.
5 Entonces los jefes de familia de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos los que se sintieron movidos por Dios, se pusieron en camino para ir a reconstruir la Casa del Señor que está en Jerusalén. 6 Sus vecinos les proporcionaron toda clase de ayuda: plata, oro, bienes, ganado y gran cantidad de objetos preciosos, además de toda clase de ofrendas voluntarias.
7 El rey Ciro mandó tomar los utensilios de la Casa del Señor que Nabucodonosor había llevado desde Jerusalén y había depositado en el templo de su dios. 8 Ciro, rey de Persia, los puso en manos del tesorero Mitrídates, y este los contó para entregárselos a Sesbasar, el jefe de Judá. 9 El inventario fue el siguiente: copas de oro para la ofrenda: 30; de plata: 1.000; cuchillos: 29; 10 vasos de oro: 30; de plata: 410; otros utensilios: 1.000. 11 Total de los utensilios de oro y plata: 5.400. Todo esto se lo llevó Sesbasar, cuando se permitió a los deportados subir de Babilonia a Jerusalén.
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