Proverbios

Título y finalidad de la obra
1
1 Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel,
2 para conocer la sabiduría y la instrucción, para entender las palabras profundas,
3 para obtener una instrucción esmerada –justicia, equidad y rectitud–
4 para dar perspicacia a los incautos, y al joven, ciencia y reflexión;
6 para entender los proverbios y las sentencias agudas, las palabras de los sabios y sus enigmas.
5 Que escuche el sabio, y acrecentará su saber, y el inteligente adquirirá el arte de dirigir.
7 El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría, los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.
ELOGIO Y RECOMENDACIÓN DE LA SABIDURÍA
7A mediados del siglo V a. C., un escriba de Jerusalén recopiló varias colecciones de antiguos “proverbios” y compuso a manera de prólogo una larga exhortación. El maestro se dirige a sus discípulos como un padre a sus hijos y los exhorta a “prestar oído a la Sabiduría” (2. 2), para adquirir el “temor del Señor” y encontrar la “ciencia de Dios” (2. 5). Con especial insistencia, previene a los jóvenes contra el adulterio, que es una manera de quebrantar la Alianza con el Señor (2. 16-19; 5. 3-20; 6. 24 - 7. 27). Su enseñanza es una síntesis de toda la doctrina de los sabios, enriquecida con aportes originales, en los que se percibe la influencia de la Ley y los Profetas. En el dilema que él propone a sus discípulos, se escucha el eco de la última alocución de Moisés a Israel: “Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Elige la vida, y vivirás” (Deut. 30. 15, 19).
7Otras veces, es la Sabiduría personificada la que “hace oír su voz” (1. 20; 8. 1) para ponderar su inapreciable valor y llamar a todos a seguir sus enseñanzas. Ella fue creada antes que todas las cosas, y estaba al lado de Dios “cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo” (8. 26). Ya entonces “su delicia era estar con los hijos de los hombres” (8. 31), a fin de mostrarles el camino de la vida. Este célebre poema concluye con una invitación a participar del banquete preparado por la Sabiduría para saciar a todos con sus bienes (9. 1-6).
Advertencia preliminar
8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre,
9 porque son una diadema de gracia para tu cabeza y un collar para tu cuello.
Contra las malas compañías
10 Hijo mío, si los pecadores intentan seducirte, tú no aceptes.
11 Si ellos dicen: “Ven con nosotros, tendamos una emboscada sangrienta, acechemos por puro gusto al inocente;
12 traguémoslos vivos como el Abismo, todos enteros, como los que bajan a la Fosa;
13 hallaremos toda clase de bienes preciosos, llenaremos nuestras casas con el botín;
14 tendrás tu parte igual que nosotros, todos haremos una bolsa común”:
15 hijo mío, no los acompañes por el camino, retira tus pies de sus senderos,
16 porque sus pies corren hacia el mal y se apresuran para derramar sangre.
17 Pero en vano se tiende la red, si pueden verla todos los pájaros:
18 ellos tienden contra sí mismos una emboscada sangrienta, están al acecho contra sus propias vidas.
19 Tal es la suerte del que obtiene ganancias injustas: le quitan la vida al que las posee.
Llamado y amenazas de la Sabiduría
20 La Sabiduría clama por las calles, en las plazas hace oír su voz;
21 llama en las esquinas más concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad, dice sus palabras:
22 “¿Hasta cuándo, incautos, amarán la ingenuidad? ¿Hasta cuándo los insolentes se complacerán en su insolencia y los necios aborrecerán la ciencia?
23 Tengan en cuenta mi reproche: yo voy a abrirles mi corazón y les haré conocer mis palabras.
24 Porque llamo y ustedes se resisten, extiendo mi mano y nadie presta atención,
25 porque ustedes desoyen todos mis consejos y no aceptan mi reproche,
26 yo, a mi vez, me reiré de la ruina de ustedes, me burlaré cuando los asalte el terror,
27 cuando los invada el terror como una tormenta y les llegue la ruina como un huracán, cuando les sobrevengan la angustia y la tribulación.
28 Entonces me llamarán, y yo no responderé, me buscarán ansiosamente, y no me encontrarán.
29 Porque ellos aborrecieron la ciencia y no eligieron el temor del Señor,
30 porque no quisieron mi consejo y despreciaron todos mis reproches,
31 gustarán el fruto de su propia conducta, se hartarán de sus consejos.
32 Porque a los ingenuos los mata su propio extravío y la desidia pierde a los necios,
33 pero el que me escucha vivirá seguro y estará tranquilo, sin temer ningún mal”.
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