Salmos

Salmo 1
1El Salterio comienza con esta “Bienaventuranza”, que es como el prólogo de todo el Libro. La exclamación inicial –“¡Feliz el hombre...!”– se explicita a lo largo del Salmo mediante la contraposición de dos imágenes poéticas: el árbol desbordante de vitalidad simboliza la felicidad de los justos; la paja arrastrada por el viento representa la ruina final de los impíos. Así se expresa uno de los temas centrales del Salterio y de toda la Biblia: la conducta de cada hombre está sometida al Juicio de Dios, y el mundo está gobernado por la justicia divina.
Los dos caminos
1 1 ¡Feliz el hombre
1 que no sigue el consejo de los malvados,
1 ni se detiene en el camino de los pecadores,
1 ni se sienta en la reunión de los impíos,
2 sino que se complace en la ley del Señor
2 y la medita de día y de noche!
3 Él es como un árbol
3 plantado al borde de las aguas,
3 que produce fruto a su debido tiempo,
3 y cuyas hojas nunca se marchitan:
3 todo lo que haga le saldrá bien.
4 No sucede así con los malvados:
4 ellos son como paja que se lleva el viento.
5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
5 ni los pecadores en la asamblea de los justos;
6 porque el Señor cuida el camino de los justos,
6 pero el camino de los malvados termina mal.
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