Génesis

La torre de Babel
11
Sap 10,5
He 2,6
Ap 7,9
Referencias versículo 11 Todo el mundo tenía un mismo idioma y usaba las mismas expresiones. 2 Al emigrar los hombres desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Sinear, y se establecieron allí.
3 Entonces se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos y cocerlos al fuego.» El ladrillo reemplazó la piedra y el alquitrán les sirvió de mezcla.
Jer 51,53
Is 14,12
Referencias versículo 44 Después dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. Así nos haremos famosos, y no nos dispersaremos por todo el mundo.»
5 Yavé bajó para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando, 6 y dijo Yavé: «Veo que todos forman un solo pueblo y tienen una misma lengua. Si esto va adelante, nada les impedirá desde ahora que consigan todo lo que se propongan. 7 Pues bien, bajemos y confundamos ahí mismo su lengua, de modo que no se entiendan los unos a los otros.»
He 17,26
Referencias versículo 88 Así Yavé los dispersó sobre la superficie de la tierra, y dejaron de construir la ciudad.
Jn 11,52
He 2,1
Referencias versículo 99 Por eso se la llamó Babel, porque allí Yavé confundió el lenguaje de todos los habitantes de la tierra, y desde allí los dispersó Yavé por toda la tierra.
10 Estos son los descendientes de Sem:
10 A los cien años años de edad, Sem fue padre de Arfaxad, dos años después del diluvio. 11 Después del nacimiento de Arfaxad vivió otros cuatrocientos años, y tuvo más hijos e hijas.
12 Arfaxad fue padre de Shela cuando contaba con treinta y cinco años, 13 y después del nacimiento de Shela, Arfaxad vivió cuatrocientos tres años más, y tuvo otros hijos e hijas.
14 Shela fue padre de Eber al cumplir los treinta años. 15 Después del nacimiento de éste, Shela vivió aún cuatrocientos tres años, y tuvo más hijos e hijas.
16 Cuando Eber tenía treinta y cuatro años fue padre de Peleg. 17 Después del nacimiento de Peleg, Eber vivió cuatrocientos treinta años, y tuvo más hijos e hijas.
18 Peleg fue padre de Reu a los treinta años, 19 y después del nacimiento de Reu, Peleg vivió doscientos nueve años, y tuvo más hijos e hijas.
20 Cuando Reu contaba treinta y dos años, fue padre de Serug. 21 Y después del nacimiento de éste, Reu vivió doscientos siete años, y tuvo más hijos e hijas.
22 Cuando Serug cumplió treinta años fue padre de Najor. 23 Después del nacimiento de Najor, Serug vivió doscientos años, y tuvo otros hijos e hijas.
24 Cuando Najor tenía veintinueve años, fue padre de Terá. 25 Después del nacimiento de Terá, Najor vivió ciento diecinueve años, y tuvo más hijos e hijas.
26 Terá a los setenta años fue padre de Abram, de Najor y de Harán.
27 Esta es la descendencia de Terá: Terá fue padre de Abram, de Najor y de Harán.
28 Harán fue padre de Lot. Harán murió en Ur de Caldea, su tierra natal, antes que su padre Terá.
Gén 22,20
Referencias versículo 2929 Abram y Najor se casaron. La esposa de Abram se llamaba Saray, y la de Najor Milcá, hija de Harán, que era padre de Milcá y de Jisca. 30 Saray era estéril y no tenía hijos.
31 Terá tomó consigo a su hijo Abram, a su nieto Lot, hijo de Harán, y a su nuera Saray, esposa de Abram, y los sacó de Ur de Caldea para llevarlos al país de Canaán. Pero al llegar a Jarán se establecieron allí. 32 Terá vivió doscientos cinco años, y murió en Jarán.
32Las tres palabras de Dios Creador
32En el primer capítulo del Génesis dijo Dios, y es la creación.
32En el capítulo 9, de nuevo dijo Dios, y es para dar su bendición a toda la humanidad.
32En el capítulo 12, dijo Dios por tercera vez, y es el comienzo del pueblo de Dios. Son tres pasos de muy desigual extensión de la Biblia, ya que la revelación hecha al pueblo de Dios va a ocupar gran parte de ésta. Lo que en ella leeremos interesa en realidad a toda la humanidad, pero será lo que Dios ha dicho y hecho con su pueblo en particular.
32Si nos compenetramos del espíritu de la Biblia, descubriremos que estos tres aspectos de la obra divina conforman un todo y se armonizan entre sí de mil maneras. Pero, ¡cuidado! Si no hemos captado bien el sentido de esas tres palabras, llegará un momento en que no podremos aceptar más el testimonio de la Biblia y Jesús se nos esfumará. Porque esas tres palabras chocan con algunos prejuicios que marcan profundamente a nuestro tiempo.
32Dijo Dios y su palabra creó el universo con sus leyes físicas. La Biblia nos recordará que esas leyes son estables para siempre. Pero también nos dirá que el universo está siempre a disposición de Dios y que obedece a su Palabra. Decir que Dios puso el piloto automático para dirigir al mundo, es en parte verdad, pues no da golpes de timón a cada momento. Pero nos estaríamos saliendo de la revelación bíblica si dijéramos que Dios lo determinó todo desde un principio y que por lo tanto no puede hacer intervenir cuándo quiera fuerzas superiores que interfieren con aquéllas o las ponen entre paréntesis (desde nuestro punto de vista). Se dice que Dios descansó de sus obras al séptimo día (Gén 2,4), pero lo contrario tiene también su verdad: «El Padre todavía está trabajando» (Jn 5,17). Dios no cesa de expresarse a sí mismo a través de sus obras, y la creación, de continuar viviendo y existiendo en él. Las leyes de la naturaleza son la sombra de una justicia superior que está en Dios, pero en la naturaleza hay mucho más que leyes físicas, comenzando por su riqueza y esplendor. Su constante creatividad, que es una de sus más misteriosas capacidades, es un reflejo de la libre creatividad de Dios, que no está nunca encadenada.
32Esto es más que suficiente para hacer saltar a todos los que toman por verdad absoluta a determinados postulados de la razón, como por ejemplo, que las leyes son inflexibles y que nada existe fuera de lo que puede ser medido. Sin esos postulados no habría investigación científica, pero eso no significa que expresen toda la realidad del mundo, ni siquiera lo esencial. Y sin embargo es justamente ese prejuicio lo que impide a muchos cristianos admitir cualquier tipo de intervención de Dios en el orden habitual del mundo. De entrada se negarán a admitir en el Evangelio la multiplicación de los panes, la virginidad de María, la Transfiguración... o les harán decir a los textos lo contrario de lo que dicen. Rechazarán todos los testimonios actuales de los que han experimentado semejantes intervenciones soberanas de Dios. Luego negarán cualquier intervención directa de Dios en nuestro mundo interior, y muy lógicamente se negará que la oración tenga algún sentido. Ese racionalismo inspirará muchos libros y discusiones, pero al fin y al cabo es estéril. Jamás hará que brote la fe y nunca dará la alegría.
32El «dijo Dios» de la historia de Noé también tiene un profundo sentido. Dios actúa en el tiempo después del diluvio haciendo un pacto con todos los pueblos y con todas las religiones, puesto que todos son hijos de Noé. Si Dios los bendice, eso quiere decir que les ofrece un camino de salvación: lo hallarán a través de las mil culturas y religiones (He 17,27). Cuando la Palabra o Sabiduría de Dios se hace presente en su búsqueda de la sabiduría, en las palabras de sus libros sagrados, ésta (la Palabra de Dios) no hace más que continuar su obra creadora, pues por ella dispuso Dios los tiempos de la creación (Heb 1,2). Pues bien toda la marcha de la historia prolongará el plan de Dios Creador, y por su parte las religiones estarán ligadas a un descubrimiento de Dios o «de lo divino» en la naturaleza.
32¿Qué más necesitamos? ¿No tiene allí la humanidad todo lo que necesita para terminar la creación? Eso sería olvidar que los «hijos de Noé» son siempre «hijos de Adán». Muy pronto se cae de los sueños en una realidad que no es muy hermosa. Pero no insistamos en los fracasos y en los límites de las sabidurías humanas, porque lo importante está en otra parte. Para Dios la creación es el medio que tiene para expresarse. Ahora bien, aunque él entregara las riquezas del universo a una humanidad mucho más razonable de lo que somos, nada haría traslucir lo que hay de más extraordinario en él: el dinamismo de un amor cuyas iniciativas sólo él comprende. Si no hubiera más que el hombre frente al Creador, sólo aparecería como grande y generoso. El no puede decir más sin romper el círculo de una creación aparentemente perfecta. Por eso, Dios iba a llamar a personas y a grupos para que emprendieran con él un camino muy singular y a menudo al revés de lo que enseña la experiencia humana. Y el punto de partida, o la primera fractura, fue el llamado a Abrahán.
32Este tercer «dijo Dios» marca el comienzo de un pueblo de Dios, diferente a todos los demás y esta oposición, o mejor esta dualidad entre los que son elegidos para ser pueblo de Dios y los que no lo son, despierta un gran malestar en la conciencia de muchos cristianos de hoy. ¿Por qué dos pesos, por qué dos medidas? ¿Estamos seguros que la revelación bíblica es más que una religión entre todas las demás? Y a lo mejor hasta nos vemos tentados a renegar de nuestras riquezas: «¿Por qué voy yo a tener la verdad más que los demás?»
32Es pues el momento de aceptar o no al Dios de la Biblia, al que es «favor y fidelidad», él llama al que quiere, y da a uno lo que no da a otro. Da más para que se produzca más y para que todo el mundo se aproveche; pero da lo que él quiere. ¿Nos ha llamado Dios para ser su pueblo? Esto no nos concede ningún derecho especial. Es una riqueza pertenecer al pueblo de Dios, más todavía es nuestro servicio al mundo. Es Dios quien nos hace surgir de la nada, todos únicos y necesarios. Y al mismo tiempo que nos hace lo que somos, nos pone en un camino que no forma más que una cosa con nuestras necesidades, nuestras esperanzas y nuestra sed de felicidad.
32El lector cristiano tiene pues que aceptar, el carácter único de su vocación. Querer olvidarla para ser más semejante a los demás no tendría aquí ningún sentidoo, puesto que los demás no nos envidian nuestro lugar. No sería una muestra de humildad o de espíritu más abierto sino de miedo: miedo a ser diferente, o tal vez, este otro terror que es una falta de fe: ¿no son puras ilusiones las grandes promesas de Dios?
« Anterior | Siguiente »