Los asmoneos. Helenismo y judaísmo

La provincia judía estaba dividida frente a las presiones extranjeras. La implantación de las colonias macedonias, y la fundación de los reinos helenísticos (es decir, herederos de Alejandro y de cultura helénica o griega) no dejaron de tener su influencia en las comunidades de la Diáspora (es decir, de las comunidades judías dispersas entre las demás naciones). Dispersos en el Cercano Oriente, los judíos descubrieron una cultura que no dejaba de seducirlos. En Palestina, los Tolomeos habían multiplicado las creaciones de ciudades según el modelo griego. Hasta en Jerusalén, el sumo sacerdote Jasón daba pruebas de su admiración por el helenismo, (2Ma 4,9), favoreciendo instituciones que repugnaban a la conciencia judía. Un foso cada vez más profundo separaba a los que rechazaban cualquier evolución, queriendo mantenerse fieles a las tradiciones ancestrales, y los que, atraídos por el modernismo, corrían el peligro de renunciar a todo el patrimonio de Israel.

Los sumos sacerdotes divididos

La querella había alcanzado a las grandes familias sacerdotales. Esas rivalidades llevaron al poder político a inmiscuirse en la atribución del soberano pontificado. Antíoco, cuya situación financiera era difícil, pasó pronto de su papel de árbitro al de rector y fue así como comenzó el cambio de los sumos sacerdotes. Onías, que tenía fama de piedad y de fidelidad a la Ley, estaba en el cargo, cuando un cierto Jasón que quería el puesto lo desacreditó ante el rey, al que propuso una buena suma de dinero. El rey depuso a Onías y lo sustituyó por Jasón; tres años más tarde se presentó Menelao, quien ofreció más y obtuvo el cargo. Tales prácticas sólo podían acarrear el descrédito de Antíoco y de los partidarios de los griegos.

Judas Macabeo (166-160)

Entonces tuvo lugar la rebelión del sacerdote Matatías. Organizó una expedición con sus primeros partidarios para destruir los altares paganos y circuncidar por la fuerza a todos los niños incircuncisos (1Ma 2,45). Algunos meses después murió (166). Le sucedió su hijo Judas, el Macabeo. Sus hermanos y todos los que habían seguido a su padre le ofrecieron su apoyo y continuaron con entusiasmo la guerra (1Ma 3,1). Antíoco no tomó en serio ese levantamiento; después de una primera victoria de los insurgentes, el gobernador Lisias, que tenía a su cargo el reino en ausencia del rey, despachó a Gorgías con un ejército mucho más importante; fue una nueva derrota. Lisias se decidió entonces a asumir la dirección de las operaciones, pero la derrota de sus tropas lo obligó también a huir a Antioquía.

La resistencia toma auge

Estos éxitos inesperados reforzaron la confianza de los judíos y llevaron a Judas a los que por miedo se habían mantenido al margen del conflicto. Era para todos evidente que Dios manifestaba de nuevo su protección para con su pueblo. Ya que el enemigo había sido rechazado lejos de Jerusalén, era el momento de recuperar el Templo: la purificación del Lugar Santo profanado hacía ya tres años por los griegos era el principal objetivo del proyecto de Judas. La consagración del nuevo altar y del santuario se celebró el 25 del noveno mes (1Ma 4,54). La fiesta de Janukka iba a conmemorar en los siglos posteriores esa Dedicación del Templo que tuvo lugar el año 164 a.C.

El santuario purificado, era necesario ir a socorrer a los hermanos más alejados y más aislados, pues las victorias de Judas habían exacerbado el odio de los “griegos” contra los judíos. Judas y su hermano Jonatán se dirigieron a Galaad para llevar allí represalias sangrientas y repatriar a Jerusalén a las comunidades amenazadas; Simón, un tercer hijo de Matatías llegó hasta Galilea para una misión semejante.

Mientras tanto había muerto Antíoco IV, dejando un hijo de tan solo ocho años. Lisias, que entre tanto se había proclamado regente del reino, decidió asestar un golpe definitivo. Judas y los suyos fueron derrotados y Jerusalén quedó en una muy mala situación. Afortunadamente las disensiones entre Lisias y Filipo, a quien Antíoco IV en su lecho de muerte había confiado el reino, salvaron a la Ciudad Santa.

Lisias entonces propuso a su rey que firmara la paz con Judas para tener las manos libres de ese lado y se llegó a un acuerdo. Es muy probable que ese año haya sido publicado el libro de Daniel, obra de uno de los maestros de la Ley que habían sufrido la persecución. Los acontecimientos más recientes y el fin de la persecución eran para él nada más que el preludio de una justicia de Dios que iba a dejarse caer sobre el perseguidor y poner a su pueblo por encima de todas las naciones.

Nada sin embargo se había arreglado de manera definitiva. Las hostilidades se reiniciaron a la brevedad. Judas tuvo aún tiempo de firmar un pacto de alianza con Roma, pero sus días estaban contados: murió en un desigual combate en el año 160 a.C.

Jonatán (160-143)

Las intrigas de palacio y los asesinatos llevaron al trono al hijo de Seleucos IV quien reinó con el nombre de Demetrio I Soter; con él los partidarios de los “griegos” acorralaron al partido de la resistencia. Fue entonces cuando Jonatán aceptó asumir el la sucesión de Judas (1Ma 9,23).

El doble juego

En Antioquía se alzó un rival frente a Demetrio, Alejandro Balas, quien se hacía pasar por hijo de Antíoco Epífanes. Demetrio trató de ganarse a Jonatán por toda clase de promesas: en adelante tendría derecho a formar un ejércitos. Confiado en esas autorizaciones, Jonatán se instaló en Jerusalén y se puso a reconstruir la ciudad (1Ma 10,10).

Inmediatamente Alejandro (Balas) hizo una contraoferta: le confirió a Jonatán el cargo de sumo sacerdote y el codiciado título de “amigo del rey”. Jonatán aceptó esas prerrogativas de manos del usurpador: en 153, con ocasión de la fiesta de las Tiendas, hizo su entrada solemne en el Templo, revestido con los ornamentos de sumo sacerdote.

Demetrio quiso ofrecerle más aún, pero Jonatán no le hizo caso. Un tiempo después moría ese rey en un combate con Alejandro Balas; este último murió a su vez en 145 y Demetrio II, hijo de Demetrio, reinó sin oposición. En Jerusalén Jonatán continuó con su doble juego entre los diferentes pretendientes al trono; terminó cayendo víctima de una celada en Tolemaida y fue ejecutado poco después (143).