 Estos éxitos inesperados reforzaron la confianza de los judíos y llevaron a Judas a los que por miedo se habían mantenido al margen del conflicto. Era para todos evidente que Dios manifestaba de nuevo su protección para con su pueblo. Ya que el enemigo había sido rechazado lejos de Jerusalén, era el momento de recuperar el Templo: la purificación del Lugar Santo profanado hacía ya tres años por los griegos era el principal objetivo del proyecto de Judas. La consagración del nuevo altar y del santuario se celebró el 25 del noveno mes (1Ma 4,54). La fiesta de Janukka iba a conmemorar en los siglos posteriores esa Dedicación del Templo que tuvo lugar el año 164 a.C.
El santuario purificado, era necesario ir a socorrer a los hermanos más alejados y más aislados, pues las victorias de Judas habían exacerbado el odio de los “griegos” contra los judíos. Judas y su hermano Jonatán se dirigieron a Galaad para llevar allí represalias sangrientas y repatriar a Jerusalén a las comunidades amenazadas; Simón, un tercer hijo de Matatías llegó hasta Galilea para una misión semejante.
Mientras tanto había muerto Antíoco IV, dejando un hijo de tan solo ocho años. Lisias, que entre tanto se había proclamado regente del reino, decidió asestar un golpe definitivo. Judas y los suyos fueron derrotados y Jerusalén quedó en una muy mala situación. Afortunadamente las disensiones entre Lisias y Filipo, a quien Antíoco IV en su lecho de muerte había confiado el reino, salvaron a la Ciudad Santa.
Lisias entonces propuso a su rey que firmara la paz con Judas para tener las manos libres de ese lado y se llegó a un acuerdo. Es muy probable que ese año haya sido publicado el libro de Daniel, obra de uno de los maestros de la Ley que habían sufrido la persecución. Los acontecimientos más recientes y el fin de la persecución eran para él nada más que el preludio de una justicia de Dios que iba a dejarse caer sobre el perseguidor y poner a su pueblo por encima de todas las naciones.
Nada sin embargo se había arreglado de manera definitiva. Las hostilidades se reiniciaron a la brevedad. Judas tuvo aún tiempo de firmar un pacto de alianza con Roma, pero sus días estaban contados: murió en un desigual combate en el año 160 a.C.
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