La prehistoria en Palestina


La época mousteriana

La mayor parte de la evolución que permitió a la raza humana liberarse de sus antepasados animales se produjo en ambas orillas del Ghor, la gran depresión que se extiende desde Siria hasta los Grandes Lagos africanos. Las excavaciones efectuadas en Palestina, y más precisamente en Galilea, han llevado al descubrimiento de restos humanos que constituyen eslabones muy importantes en la génesis de nuestra raza.

Establecimientos humanos han sido encontrados en Galilea, revelando la presencia de los antepasados del hombre durante centenas de miles de años. En las laderas del Carmelo que dominan la planicie costera, una gruta entrega restos humanos de tipo neandertal poco acusado. Otra gruta cerca de la primera guardaba esqueletos emparentados con el hombre moderno. En las laderas que bajan de Nazaret a la planicie de Yizreel, la gruta de Qafzeh contenía otros esqueletos igualmente emparentados con el hombre moderno. Otros descubrimientos imponen esta conclusión: que los individuos de esos dos tipos ( neandertal y homo sapiens sapiens ) tuvieron un origen común.

La comparación con los esqueletos hallados en Europa ha hecho avanzar considerablemente el problema de las relaciones entre esas dos razas del homo sapiens. Parece que una parte de los primeros grupos neandertalenses (o preneandertalenses) vivieron en el Cercano Oriente, hace unos 100.000 años. Durante todo el período musteriense permanecieron con sus mismas características, mientras que sus parientes que se extendieron desde Italia a Europa fueron adquiriendo poco a poco esos rasgos más “bestiales”, que le han valido a la palabra neandertal un sentido bastante negativo. Los neandertalenses de Palestina y de las regiones vecinas, en cambio, representaban con toda probabilidad una etapa hacia el hombre de Cro-Magnon, un homo sapiens sapiens que se encontrará más tarde en Francia.

Ubeidiyeh

Importantes informaciones sobre la evolución del Homo erectus han sido proporcionadas por los trabajos arqueológicos de Oubeidiyeh en Palestina. Varias excavaciones realizadas a algunos kilómetros al sur del lago Tiberíades, han revelado una presencia humana que duró aproximadamente de 1.300.000 a 700.000 años.

Por consiguiente, hace unos 850.000 años, algunos hombres comenzaron a tallar la piedra propia del lugar (basalto, caliza y silex) para hacer utensilios. Vivían al borde de un lago de agua dulce en zonas pantanosas cuyos contornos variaban según las fluctuaciones de la temperatura y de la pluviosidad. Las laderas de las mesetas que lo dominaban estaban cubiertas de bosques, más allá prevalecía la sabana. Su alimentación provenía esencialmente de los venados, caballos, gacelas, e hipopótamos que cazaban en dicha zona. Y ésto duró unos 600.000 años.

Este descubrimiento iba a añadirse al del famoso “hombre de Galilea”, conocido por un fragmente de cráneo encontrado algunos años antes en el norte del Lago Tiberíades, y que muy probablemente vivió hace 200.000 años.

Fin del Paleolítico y Neolítico

Se sabe que la prehistoria se divide en dos períodos de duración muy diferente, el Paleolítico o (o edad de la piedra antigua), la edad de la piedra tallada, y el Neolítico (o edad de la piedra nueva), la edad de la piedra pulida. El primer período comenzó hace dos millones de años, el segundo tuvo solamente ocho a diez mil años. El primero es el del primate, y luego del hombre depredador, que vivía de la caza y de la recolección de alimentos, el segundo es el del hombre sedentario que empezó a vivir de la agricultura y de la ganadería. Entre esos dos períodos aparece en Palestina la cultura Natufiana, que duró cerca de 2.000 años (de 10.500 a 8.500). Fue entonces cuando el hombre se estableció en un lugar y cuando aparecieron las primeras casas en el curso superior del Jordán.

Una religión matriarcal

A veces uno se sorprende al comprobar el carácter feminista de los primeros cultos rendidos a la divinidad por los hombres de la prehistoria. Quizás olvidamos que el hombre en espera de la Revelación no tiene otra alternativa en su búsqueda religiosa que la de proyectar en el mundo divino las realidades que presencia diariamente.

En el Cercano Oriente al igual que en Europa las figuras femeninas ocupan el primer lugar entre las representaciones humanas, y todas ponen de manifiesto los atributos de la maternidad. En una sociedad en que el porvenir de los grupos humanos, poco numerosos y a menudo alejados unos de otros, depende esencialmente de la fecundidad de la madre y, por extensión, de toda fertilidad, el hombre expresará su creencia religiosa por el culto a la diosa madre. La famosa estatua conocida como la “Venus de Brassempouy”, como asimismo las divinidades en marfil de Berseba del cuarto milenio, o las estatuas de las islas Cíclades estilizadas como un violín expresan, hasta la entrada del hombre en el período histórico, una misma visión del mundo de los dioses.

Pero cuando la expansión demográfica obliga a las poblaciones de la cuenca oriental del Mediterráneo a la civilización urbana, la organización social, la conquista de nuevos territorios o a la defensa del patrimonio adquirido, el rostro de la divinidad cambiará también: la sobrevivencia del grupo depende ahora en gran parte de la fuerza y la valentía del hombre; de golpe las divinidades masculinas ocupan los lugares de privilegio en el club de los dioses… mientras las ciudades se protegen de murallas cuyos defensores o asaltantes serán hombres. Aun cuando se encuentren todavía aquí y acullá, y hasta los días de Alejandro, algunas divinidades femeninas en el mundo de los dioses, como Cibeles, la Gran Madre llamada también la Artemisa de Efeso (He 19,28), o la Diosa Madre de los Frigios…, Egipto, Grecia y Roma impondrán en el mundo mediterráneo a Amón, Zeus y Júpiter como padres de los dioses y de los hombres.

Últimas etapas antes de la historia

Casi la totalidad de los grandes sitios palestinos fueron abandonados entre 6600 y 5500. Una nueva población ocupó luego el país, su origen habrá que buscarlo en el norte. En el curso del 4° milenio aparecieron los primeros objetos de cobre. El pico de los mineros se escuchó en el sitio de Timna en el norte de Eilat y el fuego del crisol en donde se separa el cobre de su ganga se enciendió en la región de Beershéva: un tesoro encontrado en los bordes del mar Muerto, un poco al norte de Massada manifiesta la destreza de esos artesanos.

Al mismo tiempo, se trabaja el marfil, se teje el lino, se domestica el buey y el cerdo. Los ritos funerarios se diversifican según los lugares y es así como en Azor, cerca de Tel Aviv, se colocan los huesos, después de una primera sepultura funeraria, en casitas de barro, en lo alto de cuyas puerta domina una nariz, acompañada a menudo por dos ojos pintados o por dos senos. A finales del 4° milenario, la viña, desconocida hasta entonces, fue introducida en Palestina y el olivo cubrió de un color de plata las colinas; el uso del torno del alfarero se generalizó; la vida urbana se organizó y las ciudades se rodearon de murallas. Es entonces cuando el Egipto Faraóonico nació, y las ciudades independientes de Sumeria, inventaron la escritura; los papiros del borde del Nilo se cubrieron de jeroglíficos, y la arcilla de Mesopotamia, cinselada de cuneiformes por los estiletes de los escribas nos ofreció sus primeros textos. Con este importante invento, El Oriente Medio abrió las puertas de la historia.